¿Cuál es el tramo de tu cadena logística que más cuesta gestionar? Si has pensado en el transporte de larga distancia, en el almacenaje o en la preparación de pedidos, la respuesta probablemente no es esa.

El tramo final —desde el último punto de distribución hasta la puerta del cliente— es hoy el más caro de toda la cadena. Distintos estudios de last-mile delivery sitúan ya su peso en más del 50% del coste total de transporte, frente al 41% de hace menos de una década. Y la tendencia no se ha frenado.

Es también, no por casualidad, el único tramo que tu cliente final llega a ver.

Por qué la última milla cuesta tanto

El motivo no es ningún misterio: es el tramo menos eficiente por diseño. Un camión que recorre 300 km entre dos almacenes lleva la carga completa y una ruta ya optimizada. Una furgoneta de reparto urbano hace decenas de paradas, cada una con su propia dirección, su propia franja horaria y, muchas veces, su propio intento fallido.

La mano de obra representa, según distintos análisis del sector, aproximadamente la mitad del coste de la última milla, y el combustible añade entre un 10% y un 25% más. El resto se reparte entre gestión de incidencias, reentregas y devoluciones — justo las partidas que menos control suele tener un equipo que trabaja con varios operadores a la vez.

A esto se suma un factor que rara vez se menciona: la fragmentación de operadores. Cuantos más transportistas de última milla trabajen para tu empresa —cada uno con su propia app, su propio portal de seguimiento y su propio formato de incidencias— más tiempo consume simplemente saber qué está pasando con cada entrega, antes incluso de poder actuar sobre ello.

Un dato para dimensionarlo

Alrededor del 20% de los paquetes no se entregan en el primer intento, con un coste medio estimado de 15€ por reentrega, según cifras recogidas por medios especializados del sector. Si tu empresa gestiona 2.000 entregas de última milla al mes, ese porcentaje se traduce en más de 6.000€ mensuales solo en intentos fallidos, muchos de ellos evitables con una simple confirmación previa de franja horaria.

Multiplicado por doce meses, hablamos de más de 70.000€ al año en un coste que casi nunca se mide como tal — se diluye entre «incidencias de reparto» sin que nadie lo traduzca a euros ni lo compare entre operadores para saber cuál lo genera con más frecuencia.

El tramo que tu cliente sí ve

Todo lo que ocurre antes —selección de operador, consolidación, tránsito entre almacenes— es invisible para quien recibe el pedido. La última milla es la excepción: es el único momento de contacto físico real entre tu marca y tu cliente final.

Eso significa que cualquier ineficiencia en este tramo no se queda en un informe de costes internos. Se convierte en una experiencia que el cliente recuerda, buena o mala. Un reparto puntual con comunicación clara refuerza la confianza; un reparto fallido y sin explicación la deteriora, sin que importe lo bien que haya ido el resto de la cadena.

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Última milla también en B2B, no solo en ecommerce

Cuando se habla de última milla, la mayoría de ejemplos que circulan son de ecommerce: un paquete, un cliente particular, una dirección residencial. Pero el mismo problema existe, con otra forma, en la distribución B2B: entregas a puntos de venta con horarios de recepción estrictos, muelles de descarga con cita previa, o tiendas que rechazan un pedido si llega fuera de la franja acordada.

La lógica de fondo es idéntica: cuantas más paradas y más condiciones particulares tiene cada entrega, más caro y más frágil se vuelve ese tramo. Y, como en el caso del ecommerce, es el punto de contacto que decide si el cliente —en este caso, el punto de venta o el distribuidor— vuelve a confiar en tu operativa o empieza a buscar alternativas.

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Dónde está el margen de mejora real

Si la última milla ya es cara por diseño, la pregunta útil no es cómo eliminarla, sino cómo evitar pagarla dos veces. Ahí es donde la mayoría de las empresas sí tiene margen real:

  • Reducir los intentos fallidos confirmando franja horaria y notificando al cliente antes de que el repartidor llegue a su puerta.
  • Elegir el operador correcto para cada zona o tipo de entrega, en lugar de asignar un único proveedor para toda la operativa.
  • Detectar patrones de incidencias por operador o por zona antes de que se conviertan en una queja recurrente y en un cliente perdido.
  • Centralizar el seguimiento de todos los operadores de última milla en un mismo sitio, en vez de saltar entre portales distintos para cada uno.

Esto es, en la práctica, lo que resuelve contar con una aplicación de reparto centralizada: una única herramienta para planificar, asignar y seguir cada entrega de última milla, sea cual sea el operador que la ejecute.

El tramo que define la experiencia, no solo el coste

Tratar la última milla solo como una partida de coste que hay que exprimir es quedarse con la mitad de la foto. Es también, y sobre todo, el tramo donde se decide si un cliente vuelve a comprar o si un punto de venta vuelve a confiar en tu operativa.

Gestionar bien la última milla no significa controlar mejor un único operador. Significa tener datos comparables de todos los que trabajan contigo, para decidir con criterio en lugar de por costumbre — el mismo principio que aplica al resto de tu operativa logística.

Esa comparación solo es posible cuando los datos de todos los operadores viven en un mismo sitio, con el mismo formato. Mientras cada transportista reporte a su manera, comparar su rendimiento real —tasa de éxito al primer intento, tiempos, incidencias— seguirá siendo un ejercicio manual que pocas empresas tienen tiempo de hacer con la frecuencia que haría falta.

¿Sabes qué porcentaje de tus incidencias de reparto se concentra realmente en la última milla, y qué operador las genera con más frecuencia?

Si quieres ver cómo se gestiona esto en la práctica, puedes ver la demo grabada de Tookane (menos de 15 minutos, sin necesidad de agendar nada).

Si prefieres hablarlo con alguien del equipo, puedes solicitar una demo con un experto y le contamos cómo encajaría en tu operativa concreta de última milla.

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